jueves, 25 de febrero de 2016

Palabras simplonas de mitad de semana

Ahora te veo recorrer con ella todos los lugares que un día dijimos íbamos a pisar juntos.

Tomas su mano en el mismo punto de la ciudad donde sujetabas mis mejillas entre tus palmas y me prometías que algún día la tristeza se iba a hacer tan pequeña que ya no encontraría un lugar donde guardarla.

Estás recorriendo a su lado la playa en la que un día planeamos amanecer después de una noche de contar las estrellas y las cicatrices.

Ella está despertando en este momento en el lugar exacto donde yo tenía planeado construir mi fortaleza, apuesto a que no sabe que la canción que le cantas para despertar es la misma que me cantabas a mi para que dejara de llorar. No se lo digas, ya imagino la enorme sonrisa que pone al escucharte desafinar; igual que la mía cuando fingías olvidar la letra para que yo cantara (era nuestra manera de salvarnos).

Estás creando con ella los recuerdos que yo quería compartir contigo, fotografías los lugares en los que yo imaginaba nuestras futuras vacaciones, la besas más veces de las que yo te pude decir que te quería...

A ella le debe gustar mucho el sol para estar a tu lado... yo nunca me atreví a decirte que odio los días soleados. Cuando llueva llévala a tu ventana, justo a ese punto donde me gustaba dibujar mientras tú componías melodías que no recordarías cuando terminara de llover; a ella le gustará esa ventana tanto como a mi, tal vez incluso más.

Yo siempre me quise convencer de que nuestras manos encajaban como piezas de un rompecabezas, quería creer que había un hueco en tu clavícula en el cual yo me podía refugiar, que tu corazón tendría un pequeño rincón en el cual yo podría dejar mis cuentos para dormir... qué bonita mentira.

Ahora yo estoy en la ciudad de la que tanto querías huir, encontré un punto más alto donde los problemas son más pequeños pero mi tristeza aún es muy grande. Estoy componiendo las canciones que un día dijiste cantarías conmigo (ahora son solo mías), escribo poemas que ya no llevan tu nombre (y son más bonitos), soy lo que nunca fui contigo... Yo sigo un poco rota, un poco descolocada, un poco más libre y mucho mucho más mía.

Algún día yo recorreré todos esos lugares sola y tal vez la tristeza por fin se haga tan pequeña que se caiga de mis bolsillos y se quede ahí en la arena.

sábado, 6 de febrero de 2016

Querofobia

Yo puedo ser la bala en la habitación, si tú eres la pistola; y puedo cortar una soga para dos y colgarnos del reloj.

No te la pondré fácil...
Voy a correr en la dirección contraria
me dejaré caer cuando me atrapes
sólo para meterme la pistola entre los dientes
cuando se me quiera salir que te quiero.

Soy un animal herido y muerdo,
no digas que no te lo he advertido antes.
Mis manos de tormenta no me permiten tocarte
y en mi no hay curvas, sólo bordes punzocortantes
pero ya sé que te gusta jugar con cuchillos.

Juega conmigo...
cuenta hasta 10 para que me esconda, pero no me busques;
rómpeme la nariz para obtener un mejor color;
tírame del columpio cuando alcance el punto más alto;
no me dejes saltar la cuerda, cuélgame de ella.

Algún idiota vendrá a romperme el corazón, hazlo tú antes...
pero rómpeme también las costillas,
con suerte mis pulmones se perforen y ya no pueda respirar
y reviéntame los labios,
para no gritar tu nombre y no poder pronunciar el de alguien más.

No me obligues a ser feliz,
ya sabes que la felicidad es como el fuego
y tú tienes ojos de piromaniaco
pero mi piel está tan gastada que parece de papel
y sigues jugando con el encendedor justo en mi cara.

Dame por muerta y tírame en la carretera
pero tírate conmigo hasta que declaren la hora de mi muerte.
Cántame una canción a gritos para que me duerma
hazme reír para poner a las sirenas de las ambulancias celosas
y búrlate de mi cuando sólo sea polvo, pero no de hadas.

El amor es más como una escena de crimen
y la sangre en la pared es mía.
Declárame culpable de mi propia muerte, culpa a mi trastorno
no te molestes en encerrarme, mi corazón ya es el manicomio.
Haz algo por mi, no me dejes volver a sonreír...

Corta rosas para otra y quita las espinas con mis manos,
dile que le quieres frente a mi,
oblígame a hacerles una foto mientras la besas.
Abre el vino con mis dientes, destrozalos...
Roba las palabras bonitas que te escribo, dedícacelas a ella.

Sé lo mucho que terminarás odiándome
pero amarás destrozarme porque posees una fascinación por las ruinas
y aunque nunca lo digas te gusta destrozar flores sólo por hacerlo
así que hazme llorar por llorar.
No te provoco el miedo suficiente para que quieras besarme.

viernes, 5 de febrero de 2016

Una excusa y un reclamo (o una declaración)

Lo que a mi me pasa es que si hablamos de amor me da ganas de atarme la soga al cuello.

Le estás dando una mala imagen a mi poesía...
Me estás dejando la vida en ceros...
No me mal entiendas, me gusta que estés aquí,
pero a mi se me da mejor hablar de dolor
y cuando estás cerca...
sólo quiero hablar de la manera en que sonríes,
de como arrugas la nariz al reír,
de ese brillo en tus ojos cuando hablas de algo que te apasiona,
de la inquietud en tus manos cuando te emocionas,
de cómo saltas en tu asiento cuando hablas de tu película favorita.

Lo ves... mi poesía es una mierda rosa.
¡Yo que vomitaba todas las mariposas caníbales!
¡Yo que odiaba los ramos de rosas!
¡Yo que corría en la dirección opuesta al sol!
Y ahora yo estoy amarrándome las manos para no dibujar corazones;
me estoy muriendo por ver cómo se ve tu nombre y el mio,
por dejar nuestras iniciales en el tronco de un árbol,
por ver la lluvia contigo y compartir meriendas.

Me estás arruinando... me estás revolviendo los sentimientos
Me estás provocando a robarte el suéter y dormir con él,
a soñar contigo y querer despertar a tu lado.
Estás colándote en mis palabras
exigiendo un hueco en mi rutina,
te estás adueñando de todas mis canciones favoritas...
¿Cómo voy a codificar mis emociones sin La Casa Azul?
¿Cómo sobreviviré Febrero sin La Habitación Roja?
9.6 terminará llevando tu nombre...
Tal vez termines siendo mi Eme...

Me estás obligando a pedir deseos a las estrellas,
a soplar dientes de león y arrancarme las pestañas,
a rogarle al 11:11 que me llames.
Me estás convirtiendo en un cliché de comedia romántica...
te he de confesar que ya he bailado en mi habitación
y platico mas con la Luna por si ella te está viendo.
Aún no les he platicado a mis amigos sobre ti
pero me estoy muriendo de ganas por que ellos planeen nuestra boda.
¿Ahora me entiendes?

Me estás haciendo desafiar la gravedad
y creer en los cuentos de hadas en los que juré no volver a creer jamás.
Me estás instando a volver a saltar,
a dejar de temerle a las alturas por vivir en una nube rosa.
Estás haciendo de las imperfecciones algo bonito,
te estás instalando en mi mente a cada segundo,
vas abriendo hueco en mi corazón y echando raíces en mis pulmones.
Ya no sé cómo olvidarme de ti...
de la cicatriz en tu mano izquierda,
de tus colmillos y tu sonrisa de lado,
de cómo arrastras los pies y pateas las rocas al caminar.

Me estás ganando con tus efectos especiales,
pareces de ciencia ficción y yo siempre fui de querer creer en la magia,
eres lo más cercano a otra galaxia que tengo,
pero si es a tu lado, me quedo en el planeta Tierra.
Me haces amar los fuegos artificiales
y las mañanas antes de que salga el sol,
y yo era de mendigar atardeceres en primavera.
Me estas haciendo cantar "La vie en rose"
y creo que estoy empezando a molestar a las personas a mi alrededor.
¿Cómo te voy a explicar que mi corazón tiene complejo de correcaminos?
¿Qué pensarás de mi cuando me veas ser yo en noviembre?
¿Te alejarás cuando descubras que mis manos siempre están frías?


sábado, 30 de enero de 2016

Un consejo que me tuve que haber dado hace mucho.

Querida yo, no pienses demasiado en el amor cuando seas grande. Sé que quieres confiar en el chico con ojos de miel y cabello de sol, pero su sonrisa te atravesará como dagas el corazón y las lagrimas que él derramará te harán sentir como si te ahogaras; al final será tu culpa, porque no importa que tan roto esté tu corazón o que tan vacías se sientan tus manos, los demás sólo verán su orgullo en el suelo y sus labios temblando de rabia. No bajes la vista cuando hablen de ti a tu espalda y sobre todo no te culpes por romper el corazón de alguien que ya te estaba rompiendo las muñecas.
Llegará el chico de las palabras amables y de las sonrisas sinceras, te ofrecerá el mundo con terciopelo rosa y bañado en rayos de sol. Ten cuidado con sus manos porque cada vez que sus dedos se enreden en tu cabello dejarán rosas que después sólo te encajarán sus espinas en las ilusiones; no le confíes tu canción favorita y no dejes que el recite el poema que tanto amas porque no lo podrás volver a escuchar sin su voz; no dejes que sus gustos se vuelvan los tuyos porque cuando se vaya ya no sabrás cómo reconocerte. Nunca le digas lo mucho que amas las estrellas y por qué tienes una de ellas en el hombro; no le confíes tu guitarra porque ya no sonará igual después de que desaparezca; no le dediques paginas en tu diario porque ya no sabrás que hacer con tantas letras.
Creerás haberte encontrado en los mechones de una chica que es más arcoiris que persona, te quedarás sin aliento cada vez que ella esté cerca y no sabrás cómo decirle que ella es lo más bonito que haz visto en este mundo gris. No te enamores de ella, no importa que tan genial y adorable sea; no importa que creas que ella es la indicada y que le quieras poner su nombre a una constelación… hay obras de arte que se tienen que observar desde lejos. Te aseguro que tu corazón se romperá y cada vez que la veas vas a querer arriésgate una vez más, pero lo superarás.
Encontrarás un chico con voz trasparente y por un momento pensarás que en su voz está una parte de tu corazón; volverás a creer en el destino y empezarás a sonreír más; querrás hablar de él a cada segundo porque te hace reír hasta que te duelan las mejillas. Vas a empezar a tener miedo porque sus manos han tocado tu pasado y no ha salido corriendo; querrás correr en la dirección contraria cuando te sorprendas cantando sus canciones favoritas y conociendo de memoria las historias sobre su niñez; te entrará pánico porque le haz contado tu secreto sobre las luces y le haz permitido conocer tus ilusiones. Le odiarás porque tu corazón esta tan roto que duele cuando quiere latir por alguien más, odiarás que te haga pensar en arriesgarte, odiarás no creer en el amor…
Así que, querida yo, no tengas miedo. Haz sobrevivido peores cosas y ya te haz roto el corazón por pasatiempo en muchas ocasiones. Sé que para ti amor rima con dolor, pero ya vendrá una persona que se enamore de tus heridas y que quiera compartir insomnio contigo; que te coja de la mano y te diga “venga, rompe a llorar que yo te ayudo a construirte” y que te abrace tan fuerte que haga que todos tus problemas se hagan pequeñitos.

martes, 19 de enero de 2016

Carta abierta para mi (porque ya necesitaba una sacudida de hombros) y para otras niñas frágiles con manos de tormenta

Estás en tu cama, es cualquier hora de la madrugada y tu cabeza da vueltas alrededor de miles de asuntos que no comprendes y que honestamente no quieres comprender. Tiemblas y esperas que sea de frío (aunque sabes que no es así, ya te haz acostumbrado a él); quieres fingir que le haz perdido el miedo a la oscuridad (pero lo que en verdad temes es prender la luz y que aún sigas sola) y ya haz olvidado como fingir un poco de cordura así que te conformas con fingir que duermes (lo que no saben es que ya llevas muchas vidas en vela).

Te gustaría seguir creyendo que tus sabanas son una fortaleza, pero haz crecido lo suficiente para sentirte insegura en tu propia piel. Quisieras regresar el tiempo y así no tener tantas cicatrices, no temerle tanto a las alturas (o a caer), no pensar tan alto y gritar más fuerte...

A veces no sé porque no haces las cosas que quieres hacer y podrías. ¡Sube una resbaladilla por el lado contrario y desafía la gravedad en los columpios! ¡Come todos los dulces que puedas y brinca en tu cama toda la noche! ¡Corre en la lluvia y brinca en cada charco que se cruce en tu camino! ¡Grita tu canción favorita hasta quedarte sin voz! ¡Cántate las mañanitas a la 1:04 de la madrugada y date un abrazo! ¡Llora con tu película favorita y admite que preferías un final feliz! ¡Deshazte ese nudo en la garganta y regálate un espejo más sincero!

Que sí, que entiendo tu miedo a volar y tu necesidad de caer; que no creas en el amor y un poco más en el dolor; que a veces necesites sangrar para poder seguir riendo... Entiendo que encuentres en la autodestrucción un poco más de paz que en la felicidad. Pero a ti lo que te pasa no es que te haz vuelto loca, sino que quieres cortarte las alas por miedo a que te las aten; que te rompes el corazón por pasatiempo porque no quieres que nadie venga a rompértelo y que te deje solo fragmentos de un rompecabezas que no encaja; que te cortas el pelo porque no te atreves a hacerlo con la cabeza; que te saboteas la felicidad por miedo a la temporalidad y al abandono...

Ya sé que te aterran las sonrisas sinceras y los "te quiero" inesperados porque te recuerdan que aun tienes un corazón que se rompe y sangra. Entiendo porque corres siempre en la dirección opuesta cuando te quieren imponer futuro y es que el pasado te pesa demasiado y el presente te está mordiendo los tobillos y sólo te hace tropezar. Pero por una vez en tu vida deberías reír hasta quedarte sin aliento y abrazar hasta que te duela el corazón de alegría.

Te haz roto el corazón tantas veces que ya los bordes de cada pieza están desgastados, ¿por qué no intentas construir otra figura? Tal vez si tuvieras un tiburón blanco por corazón no tendrías tanto miedo de tocar fondo.

Lo que a ti te pasa es que no sabes cuidar de ti y no quieres que alguien mas lo haga porque ¿quién va a saber completar el argumento y hacer que todos tus instintos suicidas decidan colgarse? Te haz dado demasiados golpes de culpa que el amor ya se empieza a sentir como escribir una nota suicida.

Tú no sabes estar bien porque siempre encuentras la forma de estar al borde de querer morir y derramas el vaso para no ahogarte pero terminas llenándote de tanto vacío. Tú no sabes estar alto si no es para saltar y ríes sólo para terminar llorando detrás de las puertas.

Deberías dejar de sabotear tus sonrisas y esconder el miedo debajo del colchón; tomar el camino largo a casa, corretear entre los rayos del sol. Yo qué sé... empezar a ser tú, así, sin titubeos.

Métodos autodestructivos de una niña tonta.

Me doy vergüenza...
no me puedo mirar a los ojos frente al espejo,
no reconozco nada de lo que encuentro en él
parece que esa chica me va a escupir a la cara
en cuanto intente decirle
"¿Cómo estás?"
seguro me contestaría
"Jodida, como siempre,
un poco más rota y más enferma.
Con unos cuantos kilos de menos
pero siempre más suicida de lo normal."

No me puedo soportar
ahora mis nudillos están pidiendo a gritos asestar un golpe
a mi...
a ella...
yo qué sé.
A la vida, tal vez.
Y si estuviera un poco más cuerda
me tiraría al suelo a llorar,
me curaría todas las heridas
y dejaría que alguien más viniera a abrirlas...
pero no yo...
yo ya no...
yo ya no quiero ser mi verdugo.

Me provoco asco,
hablo con voz de no tener ninguna,
con la esperanza de encontrar una razón para seguir respirando
(o para dejar de hacerlo).
Yo lo único que quería era salvarme la vida,
pero aposté todo en el momento equivocado,
ahora sólo me quedan un montón de huesos
y un rompecabezas en el pecho,
que a veces finge ser corazón,
y a veces vomito esperando escupirlo
junto con tantas ilusiones caducadas.

No me gusto
me tiro piedras cuando camino por la calle,
me pongo el pie cuando paso corriendo,
sólo para poder verme caer
y burlarme de mi con las encías llenas de sangre.
Me ignoro en los pasillos
y no me doy los buenos días los Lunes,
me prohíbo el desayuno por las mañanas
y los abrazos de cumpleaños.
Tiro de mi cabello con violencia,
me grito "fea"
"gorda"
"estúpida"...

Me doy miedo
corro de mi sombra
y los pasos que escucho de madrugada son los míos
me amenazo de muerte en el tablero de Ouija
y me cierro las puertas en la cara cuando intento huir.
Soy todos los personajes en una película de terror
menos el que sobrevive...
descuartizo mis sueños
quemo esperanzas
mutilo las ganas...
Me doy un susto de muerte por la espalda
y me provoco un ataque cardíaco.

...Me odio...

jueves, 12 de marzo de 2015

Fue un Viernes y yo sigo ahí.

Me estaba ahogando, no podía respira. Me estaba ahogando con el océano que luchaba por no derramarse en mis ojos.
Sentí mis pulmones colapsar y el agua invadir mis pensamientos. Te vi a través de una cortina de palabras que se contenían en mi garganta y que poco a poco empezaban a quemar; te vi, y tu me viste morir pero te quedaste callado.
He escuchado hablar de vacío, lo he sentido... pero fue todo lo contrario, porque estaba tan llena que sentía que me hundiría.
Nunca le he tenido miedo a la inmensidad del mar, pero cuando saboreé mis lagrimas, que se escondían de todas las miradas criticas, tuve miedo de convertirme en otra parte del mar y perderme en la corriente.
Jamas me he odiado tanto en mi vida (o tal vez sí). ¿Cómo puedo dejarme morir cada vez que me observan? ¿Cómo les puedo permitir ahogarme? ¿Cómo puedo sonreír cuando me disparan y decir que no me ha dolido?
Aun siento que me ahogo.
Vivo ahogada.
No respiro.
No recuerdo lo que se siente respirar aire que no este contaminado con tanta decepción y abandono. El agua a mi alrededor se ha convertido en ácido que quema mi piel.
¿Has escuchado sobre los corazones rotos? Pues solía burlarme de la cantidad de canciones y frases cliché. Y cuando trate de tomar aire sentí que miles de fragmentos de cristal roto se incrustaban en mis pulmones; y quise reírme de todas esas canciones, pero no pude ni siquiera pedir auxilio.
"Estoy perfectamente bien" me dije antes de darme la vuelta para que no vieras como todo se derrumbaba, para que no vieras como me tiraba al suelo a juntar los pedazos y rogar por que estos aún encajaran.
Sonreí. Sonreí porque he perdido tanto la cordura que sólo se sonreír cuando me desangro. Sólo sé sonreír como recurso de auxilio.
Me tiemblan las piernas, los ojos me escuecen, mi garganta se cierra, no puedo respirar... mi pecho duele, hay un nudo en mi estómago, me ahogo... no siento la punta de los dedos, tengo frío, no respiro...
Debería gritar. "¡Grita!" dice una voz temblorosa en mi interior, una niña que aún quiere vivir. "¡Grita!"
Estoy bien.
Está bien.
No duele.
No siento nada.
No siento... "¡Nada!" digo con la mirada borrosa cuando me preguntan qué ha pasado. "Nada", segunda vez, ahora para aclarar. "Nada", tercera vez, esta para mi. "Nada", cuarta vez, esta para ti. "Nada", quinta vez, cierro los ojos deseando que así sea.
Son las tres de la mañana y es obvio que no es "Nada". Son las tres de la mañana y me estoy ahogando. Son las tres de la mañana y tengo miedo. Son las tres de la mañana y hace demasiado frío. Son las tres de la mañana y podría ser cualquier hora, y cualquier otro día, y yo podría ser cualquier otra persona; pero no es así. Son las tres de la mañana, pero yo aún estoy ahí: frente a ti, ahogándome, muriendo lenta y dolorosamente; y todos están sonriendo mientras disparan y yo me desangro y sonrío al escuchar la bala rebotar en el suelo después de atravesarme.