jueves, 28 de noviembre de 2013

Un pequeño trozo de mi.

De escribir se muere y también de no hacerlo. Es un suicidio tan hermoso que nos hemos acostumbrado a etiquetar de poesía, y tan silencioso que solo nos grita por las noches sobre el papel.
Empiezo a abrirme las heridas cada vez que cojo el lápiz y cuando el carboncillo no puede escribir la intensidad de lo que siento me intercambio la tinta por sangre.
Me hubiera gustado ser de las personas que no tienen nada que decir, pero yo tengo tanto en la punta de la lengua que me asusta no llegar a respirar por tantas palabras que arremolino en mi pecho. Aun así puedes escuchar que me muero de asfixia con las palabras que he ahogado.
Y escribiendo descubrí que resultaba mucho mas difícil retirarse del campo sin darse guerra que seguir abriéndose las heridas constantemente. Y mis heridas ya se han acostumbrado a mudarse, y a asentarse más grandes, y a hacerme perder la cuenta.
Me empiezo a sentir como una pequeña coordenada sin dirección y no pude nunca ubicarme en ningún mapa, y jamas he terminado de empezar a sentirme así.
Me encerré a mi misma entre dos paréntesis mentales. Uno ligeramente apunta hacia mi nuca, donde espera a renacer; el otro sigue buscando hacia donde direccionar su pertenencia, y a apuntado ya a varias bocas y también a unas cuantas melodías, pero es tan inestable que solo dedica unas palabras y se muda de nuevo.
Escribir me empieza a resultar una practica un tanto egoísta, porque cuando escribimos no siempre escribimos nombres, aunque sabemos que estos deberían pertenecer a personas, o incluso a pensamientos. He escrito para mi, para no perder la cordura, para no buscar una cuerda o un puente o cruzar sin mirar dos veces.
Escribo porque de alguna manera me hace respirar con más facilidad, aunque irónicamente me robe los suspiros.
Tal vez solo escribo para traer de vuelta a unas cuantas coordenadas que ubique en mi mapa, o que en realidad las dibuje, porque estas personas jamas se quedaron y no quisiera que volvieran. Sigo abriéndome las heridas, y sangrando, y sonriendo... y escribiendo para tocarlas por un momento, porque no quiero que vuelvan si no vuelven para quedarse. Escribo porque jamas volvería a su lado y jamas volvería a vivir su perdida.
Y así es como cada vez que escribo pierdo un pequeño trozo de mi, pero se que esta mejor donde lo he dejado.

martes, 26 de noviembre de 2013

Si tu piensas en mi.

Tengo esta fastidiosa costumbre de empezar a aferrarme cada vez mas a algo que esta en constate movimiento, algo tan peculiar y peligroso que solo le puedo llamar amor.
No se a donde agarrarme para no salir volando de nuevo y estrellar mi corazón contra uno de tus muros o contra mis ruinas.
Es patético que tenga que empezar otra canción por decirte que te he echado de menos y lo cierto es que me he echado mas a mi de menos, porque ya no se como empezar a escribir para mi, sin que termines apareciendo.
Me pregunto 9 veces al día si tu piensas en mi, tan solo una vez.
Si tu piensas en mi y notas que dentro de ti que se remueve algo que no conoces o que incluso no quisieras sentir, me gustaría que me llamaras algún día.
Si tu piensas en mi y aun escuece el recuerdo de mis manos en el mas mínimo rincón de tu lado izquierdo, entonces escríbeme y dime que no encuentras la forma de sanar la herida y tal vez podremos ayudarnos, porque aun me quemas, y dueles, y llueves...
Tal vez te acuerdes de mi, y tal vez ya no recuerdes mi rostro, ni mi forma de reír, o las veces que balbuceaba mejores letras. Tal vez solo sentirás un frió extraño en la palma de tu mano, o un silencio que esta lleno de vacíos.
Quiero que sepas que a mi no me ha salido bien nada de esto. En realidad, a mi nada me sale a la primera, sobre todo dejar a un lado tu recuerdo y con suerte deshacerme de el.
Si no ha dejado de doler, solo quiero que sepas que podemos encontrar una forma de hacer que cese, o que por lo menos deje de arder por las noches. Encontraremos la forma de convertirnos en un constante dolor sordo que puede hacernos llorar hasta dormir.
Tu me conoces bien y sabrás que no me he podido dejar atrás todo esto que me revuelve las ganas de abrazarte como aquella noche y es que yo tengo este complejo de acumuladora cuando se trata de los últimos dos años.
Creo que solo quería saber si tu piensas en mi también.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Caída obligatoria.

Terminó hablando de los ojalá, de los quizás, incluso de los tal vez que escribía para ver si te encontraba.
Y llegó a hablar de las casualidades, de las posibilidades, de la incapacidad de tenerte a mi lado.
Y ahora me la juego todo, porque esto que escribo me esta matando. Y deberías saber que ya agote mis oportunidades de renacer, y reencarnar ahora no me suena bien.
La suerte fue muy caprichosa y se pavoneo al ponerte en mi camino y después alearse contigo dejando detrás solo la falta de oxigeno y de algo que ya no recuerdo el nombre.
Lo que yo quiero es volver a dibujar tus silencios en la palma de mi mano, pero me quede sin lado izquierdo y el camino en mi palma derecha solo ha escrito que no estas.
He echo las maletas mas de 22 veces y cogí una buena ración de valor del cajón, pero creo que se ha mezclado con los recuerdos. Y así, amor, no se puede vivir.
A estos abismos seria bonito empezar a creer en los deseos, y tal vez podría desearte, pero eso ya lo hago. Lo que en verdad quiero decir es que los deseos no me sientan bien a estas horas, porque me he dado cuenta que mi habitación parece mas grande, pero solo es que estoy más sola.
Empiezo a terminar dándome cuenta que cada vez que te decía que te quería era porque en realidad te quería pedir auxilio, y quería que me salvases, e irónicamente, yo también te quería salvar.
Contamos los pasos antes de caer al precipicio, o antes de coger el metro por enésima vez en este año. Tanteamos a ciegas la caída y tiramos piedras pensando que conoceremos de esa manera un poquito mas nuestro ultimo golpe, y corremos con los ojos vendados hacia el abismo y durante la caída libre tratamos de envolvernos en la bandera de una boca que ya no nos habla más.
Nos vestimos de caos y nos lavamos con lagrimas añejas la cara dejando surcos de lo que pudo ser un buen poema. Y al recordar la caída libre, vemos que no tuvo nada de libertad, que ya estábamos escritos para dar el siguiente paso e inminentemente teníamos que sangrar por la persona equivocada, porque solo así podíamos empezar a calar besos de madrugadas en otra bocas, aunque estas no tuvieran sentido.
Así que no me vengan a hablar de las imposibilidades de sobrevivir a una caída de 365 metros, que yo les diría que llevo un par años cayendo hacia ti, y que lo mas peligroso no es que me estalle el corazón contra el suelo. Lo más peligroso es volver a dejarme caer por simple hecho de toparme contigo.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Gises de colores

Escuche durante la mañana a un joven poeta decir que el amor no era rutina y después se dispuso a seguir coloreando una pintura sin sentido, algo tan colorido y abstracto que me asqueaba y me hacia sonreír como tu lo hacías. Pero esto no tiene sentido, porque en realidad solo quería hablar de ti.
Te confieso que siempre tengo esta costumbre de hallar la forma de rimar mi día contigo y toda mi existencia en general, en particular, contigo.
Quisiera contarte que hoy cogí de nuevo mi libreta de dibujo, y no sabes hace cuanto que no la tocaba.
Tal vez no recuerdes mi caja de gises, colores, acuarelas, y demás cosas que no siempre utilizaba.
Trate de dibujarte, pero termine perdiéndome en los colores que te rodean. Ese aire bohemio tuyo, que parecía tan amarillo y verde y algo como el atardecer.
Y después de un tiempo mis grafito me gritaron por ser utilizados, y aunque no tenían color me contaron de cuando dibujaron tus ojos y que ese café era su favorito, al igual que el castaño de tus rizos. Entonces me di cuenta de cuanto necesitaba con urgencia la cafeína que estos me proporcionaban para poder sobrevivir a las madrugadas frías del invierno de esta ciudad, porque las sabanas tampoco me apoyan en nada si no esta el rojo de tus mejillas y tus nudillos, o el rosado de tus labios.
Y entonces las hojas empezaron a hablar de la capacidad para enamorarnos con esa facilidad que escuece por las mañanas cuando no tenemos a quien aferrarnos la vida y los primeros minutos de esta.
Y yo termine hablando de la rutina de escribirte, y ya esta. Solíamos decir que siempre hemos querido a alguien a nuestro lado, y tal vez esto se traduzca por pertenecer a alguien, pero yo... yo quería sentirme mas mía, mas propia, mas encontrada... pero a tu lado, y así poder pertenecernos.
Ahora no se porque quería escribirte, pero de algún modo tenia que hacerlo y espero que como todo lo que hago no tenga mucho sentido, que si lo llega a tener entonces deberé detenerme por que como dijo un joven poeta "el amor no es rutina".

viernes, 22 de noviembre de 2013

(Inserta aquí la hora)

Tal vez te haz preguntado como a estas alturas me sigo acordando de ti. Aprendí que la distancia solo aumenta las ganas de echarte de menos, de escribirte y de escribirme contigo (de casualidad).
Debo decirte que todos los intentos ya me vienen quedando grandes y que con esa historia de que me invente la ultima versión de ti, debo decirte que he mentido.
Creo que solo quería decirte que no sabes cuánto duele cuando estas lloviendo y no tienes donde llover, o sobre quien morir, a mi me hubiera gustado ir a morir a tu lado.
He leído y hasta escuchado un montón de versos suicidas donde el que tiene la carita de tonto siempre va a encontrar su muerte en la pupila de quien ama, y yo me había encontrado en la tuya.
Podría empezarte hablar de reflejos, si eso te hiciera quedarte un poquito más, pero me he prometido no hacerte perder el tiempo. Y hablando del tiempo, yo no lo he perdido, te lo he dado. Considera que tienes el doble de tiempo si sumas el mío, y el doble de sueños si cambias mi insomnio.
No se que día sea, o si aun hay luz fuera de mi ventana, pero no me importa.
No importa a que hora te lleguen mis palabras, porque a estas no les he puesto fecha de caducidad, así que las puedes encontrar el día que sea, y sabrás que siguen sangrando en mi, y que la tinta aun sigue fresca en mis parpados y mis labios siguen mordiendo la pluma.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Declaraciones y puntos finales.

He aprendido que por mas que toque mi guitarra, esta no te traerá de vuelta a mi.
He tenido que hacer una lista de cosas por hacer para no buscarte, para no inventarte...
Me obligue a mi misma de algún modo a sacarte de mi mente y, bueno, también se fue una parte de mi contigo, pero eso ya lo veía venir.
He tenido que deshacerme de esta costumbre de olvidar los puntos al decir que te fuiste, y aumento dos puntos para que regreses por lo menos con mis letras.
Gramaticalmente siempre encuentro una manera de hacerte volver.
Te he apartado dos paréntesis para que te quedes a vivir para siempre en todos mis párrafos, o en el titulo de mi próximo libro.
Y mi ultima declaración, ha sido la primera: Que te amo.
Ya los poetas han traspasado la barrera de lo imposible y contigo los vencí a todos, y tu sonrisa esta muy por encima de ellos.
Me he roto la cabeza tratando de averiguar que significaba esa palabra. 6 letras, 2 consonantes y 4 vocales que vienen a destruir cualquier definición de amor, o que vienen a complementarla.
Y yo definía "Poesía" con tu nombre, con las veces que te parabas a admirar el paisaje y sonreías. Declaraba que poesía solo podía ser ese rincón donde tus pensamientos rebasaban los limites del clima, donde me hacías nevar o donde podías convertirme en el verano.
Y tan mal que me sienta Noviembre y tu llegaste a hacerme una declaración de guerra. Pero, amor, declarale guerra a mis manos, a mis labios, a mi invierno... y yo le declaro guerra a las casualidades que te alejaron de mi, y amor sin sentido al día que empece a recordarte.
O declara amor al día que te fuiste y guerra fría al día que nuestras miradas se cruzaron.
Ya no importa quien haya quedado en pie, que las posibilidades no han estado jamas de mi lado, y yo apostaría a por ti en todo caso.
Dejemos entonces que el tiempo nos escriba y la historia nos olvide, y terminemos nuetras declaraciones con puntos finales.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El chico que asesino al Amor.

Tomó las hojas secas que caían en su ventana,
cogió la cuerda que guardaba debajo de la cama,
contó 16 pasos hasta la puerta de entrada,
o de salida, ya no importaba...
Escucha 5 canciones, 2 palabras.
Se deja caer a la sombra de un árbol.
El atardecer lo observa,
su perfil se puede dibujar,
tan perfecto, tan enigmático.
Deja escapar un suspiro,
deja escapar un latido,
¿qué daño hará ahora?
Estalla en sus oídos la palabra amor
y casi le parece divertido.
Suena divertidísimo,
tomando en cuenta cuántos poemas carga
cuántas prosas lleva en el bolsillo trasero,
cuántas canciones arrastra de la clavícula
y cuántas casualidades le hubiera gustado quitarse de la nuca.
Y ahora quisiera decir...
quisiera gritar, si fuera posible,
que jamas dejó de amarla...
pero ahora aquí se encuentra,
en el lugar donde vienen a morir los enamorados,
donde la luna viene a escuchar sus historias
y estos se las ofrecen como pago, a cambio de olvido.
Ella ha aparecido de nuevo
y lo mira, como ha mirado ya a varios antes que a él,
y aun no se acostumbra a quebrarse el corazón...
El chico empieza a recitar algunas ultimas lineas,
pero esta vez sus letras sangran.
Amarra con la cuerda un paquete
y lo lanza tan lejos y con tal fuerza,
que creyó que iba a perder el brazo
(y eso tampoco le hubiese importado).
Ha dejado una hoja en blanco en su bolsillo,
para escribir el nombre...
Pero no hay nada que escribir.
Ha gastado toda su tinta en palabras
para una persona que ni siquiera sabe como describir,
pero que se sabe de memoria.
Ha calculado que 65 caracteres no son suficientes para dedicar su vida.
Pero igual seria que fueran 5, o que fueran 9,
si el destino eran sus ojos.
Y suelta una risa de loco
al descubrir que no sabe cuantas palabras necesitará.
Que vino por desamor y se dio cuenta que ni siquiera sabe a quien culpar.
Que si tendría que poner un nombre tendría que ser el suyo, el tuyo, el mío.