¿Has escuchado esa canción de Rayden sobre el niño que se perdió en mitad del cielo y la niña que nunca supo qué pasó con él porque echo raíces en el suelo? Tal vez no... a lo que iba es que me hizo recordarle muchísimo... aunque para ser honesta nunca le olvido del todo.
Él es tan Siempre y yo tan Nunca. Me entraron unas ganas terribles de contarle aquel cuento y en mi mente se lo contaba mientras él terminaba el último bocado de su comida y yo jugaba con lo que quedaba en el plato y no quería comer; él estaría de acuerdo en que soy tan Nunca, sonreiría, me miraría un largo rato y soltaría una carcajada que yo, esperanzada, tomaría como un "joder, echaba de menos todas tus tonterías"... Seguramente jamás lo haga.
¿Conoces esa sensación de tener un nudo en la garganta en forma de un "Hola" con el que te atragantas al respirar pero que tampoco puedes escupir? Así hoy.
He estado bien. En serio.
Casi no me duele la fractura, aunque cualquiera podría decir lo contrario porque lloré muchísimo esa noche en urgencias. 30% dolor, 70% sentimientos. Así puedo resumir lo que sentía en ese momento. El dolor no se comparaba en nada a las ganas que tenia de llamarle y decirle que me moría de miedo. Recuerdo que quería salir corriendo cuando las primeras lágrimas escurrieron pero no podía dar un sólo paso sin tropezar. Por lo visto, no creo que le importe en absoluto esta historia.
Estoy bien.
Estoy. PERFECTAMENTE. Bien.
"Miente más que habla. Blah blah blah... siempre miente."
Y yo me tragaba sus mentiras como caramelos cristalinos de la ultima fiesta navideña en casa de mis abuelos, con la boca tan llena que no podía articular una palabra que no sonara a balbuceos sin sentido y no oliera a canela artificial. Pero eran mentiras tan preciosas que se convertían en humo en cuanto las tocaba, como el humo del cigarro que me fumé sólo porque me pidió no hacerlo.
Tenía tanto miedo a perderle y supongo que esa es la razón por la que retrocedía a zancadillas cada que se acercaba un poco más. ¡Qué idiota! Tuve que abrir la boca antes de hacerlo con el corazón. De nuevo quise curar una herida con un arañazo.
Todo lo que dije lo hice temblando, y así es como sé que lo decía de verdad. No pretendo que en el futuro pueda comprender porque nunca dije lo que me salía de las entrañas, ni tampoco que entienda lo que esconden mis abrazos de tres letras:
"VEN (que no me atrevo a decirte que te quiero en voz alta)",
"VEN (que diré que lloro por cualquier tontería para que no sepas que lo hago por ti)",
"VEN (que ojalá que un abrazo de cumpleaños durase toda la vida)",
"VEN (que siento que me estás alejando y soy tan pequeña que un soplido me vuela)",
"VEN (que llevo tantísimo tiempo echándote muchísimo de menos)".
Ahora me doy cuenta, yo soy tan Nunca. Y no pude evitar que me gustaran todos los pájaros que tenía en la cabeza, pero yo que vivo con el corazón hecho jaula no me atreví a abrir la puerta para salir por miedo a que alguien más pudiera entrar.
No se lo pude decir a tiempo: "Si tú no fueses quien eres, y yo no fuera una subnormal con discapacidad emocional... reviviría a las mariposas, construiría un cometa con tréboles de cuatro hojas y volaría junto a ti, sabiendo que podemos caer pero que nada impediría levantarnos. Ya no soy la misma persona que era antes de conocerte... pero soy la misma imbécil que una vez te hizo reír".
La primavera otra vez me está mordiendo los hombros y me está instando a cortarme la cabeza y chutarla muy lejos de mi cuerpo, hasta que ya no pueda hacerme daño ni yo.
Pero...
...supongo que nada de esto importa ya.
jueves, 6 de abril de 2017
sábado, 25 de febrero de 2017
"I used to be a cleancutter"
Nosotros siempre hicimos lo mismo,
una y otra vez,
otra y más veces,
siempre la última.
De cualquier forma,
en cada una nos quedamos con las ganas
...de más...
y es que...
teníamos esa enfermiza costumbre de meternos a la boca
mucho más de lo que podíamos tragar.
Nos quisimos como dos animales
que sabían iban a ser devorados en cualquier momento
por un cazador más grande,
pero puedo jurar que todo el mundo parecía una granja de hormigas...
si tú me veías.
Es algo egocéntrico decir que nadie te querrá como yo.
Te querrán mejor,
con más fuerza,
con menos miedo,
te querrán a tiempo y bien.
Ojalá te quieran más que yo...
y que te lo digan muchas veces y no sólo te lo escriban,
que te lo digan de frente y mirándote a los ojos sin miedo a salir corriendo,
que te cojan de la mano y jamás te dejen ir.
La próxima persona que te quiera...
tendrá menos lágrimas en los ojos,
tendrá menos dudas sobre la vida,
tendrá la misma cara de imbécil al verte
pero si no la tiene sigue de largo.
Aún te quiero...
tanto que no sé si montar un drama y mandarte a la mierda,
después irte a buscar y pedirte perdón,
arrastrarme de rodillas hasta sangrar y decirte que me he vuelto loca
culpar al trabajo,
a la universidad,
a mi dolor de muelas,
al perro de mi vecina que fue un idiota al cruzar la calle,
al último imbécil que ha querido pasarse de listo conmigo,
a los semáforos que se ponen en rojo cuando llevo prisa...
pero... jamás te digo la verdad.
Te propongo algo:
vamos a olvidarnos de todo,
vamos a fingir que no nos queremos,
vamos a negarlo todo,
a odiarnos,
gritarnos,
echarnos promesas rotas en cara
cortarnos con la lengua que una vez compartimos.
Vamos a tomar un café
y despedirnos como en una estación antigua.
Vamos a echarnos de menos,
y ser muy felices hasta que lleguemos a casa,
y justo cuando nuestros pies toquen la cama
nos entren ganas de gritar
y que nuestra garganta se cierre violentamente,
que nunca más podamos pronunciar nuestro nombre en voz alta.
No soy mentirosa,
soy cobarde.
No quería creer en el amor,
pero creía en ti.
una y otra vez,
otra y más veces,
siempre la última.
De cualquier forma,
en cada una nos quedamos con las ganas
...de más...
y es que...
teníamos esa enfermiza costumbre de meternos a la boca
mucho más de lo que podíamos tragar.
Nos quisimos como dos animales
que sabían iban a ser devorados en cualquier momento
por un cazador más grande,
pero puedo jurar que todo el mundo parecía una granja de hormigas...
si tú me veías.
Es algo egocéntrico decir que nadie te querrá como yo.
Te querrán mejor,
con más fuerza,
con menos miedo,
te querrán a tiempo y bien.
Ojalá te quieran más que yo...
y que te lo digan muchas veces y no sólo te lo escriban,
que te lo digan de frente y mirándote a los ojos sin miedo a salir corriendo,
que te cojan de la mano y jamás te dejen ir.
La próxima persona que te quiera...
tendrá menos lágrimas en los ojos,
tendrá menos dudas sobre la vida,
tendrá la misma cara de imbécil al verte
pero si no la tiene sigue de largo.
Aún te quiero...
tanto que no sé si montar un drama y mandarte a la mierda,
después irte a buscar y pedirte perdón,
arrastrarme de rodillas hasta sangrar y decirte que me he vuelto loca
culpar al trabajo,
a la universidad,
a mi dolor de muelas,
al perro de mi vecina que fue un idiota al cruzar la calle,
al último imbécil que ha querido pasarse de listo conmigo,
a los semáforos que se ponen en rojo cuando llevo prisa...
pero... jamás te digo la verdad.
Te propongo algo:
vamos a olvidarnos de todo,
vamos a fingir que no nos queremos,
vamos a negarlo todo,
a odiarnos,
gritarnos,
echarnos promesas rotas en cara
cortarnos con la lengua que una vez compartimos.
Vamos a tomar un café
y despedirnos como en una estación antigua.
Vamos a echarnos de menos,
y ser muy felices hasta que lleguemos a casa,
y justo cuando nuestros pies toquen la cama
nos entren ganas de gritar
y que nuestra garganta se cierre violentamente,
que nunca más podamos pronunciar nuestro nombre en voz alta.
No soy mentirosa,
soy cobarde.
No quería creer en el amor,
pero creía en ti.
martes, 14 de febrero de 2017
Asimetría emocional.
Estarás frente a mi y yo seré incapaz de mirarte porque estaré bastante cansada para hacerlo y tú lo tomarás como que no quiero verte nunca más y tendrás razón. Tendrás razón porque no puedo volver a pisar chinchetas con los pies descalzos y después escribirte que me la he pasado de maravilla.
Quizás te diré con cierto nerviosismo y toda la honestidad que me permite la tristeza que yo nunca me he enamorado, pero tú no podrás creértelo porque has preferido escuchar la historia de cómo me saqué el corazón y lo dejé en la cama elástica de un balcón desértico, escucharás que le he puesto iniciales a alguna canción, que dediqué un diario entero a alguna persona, que lloré con todos mis amigos una despedida mediocre; pero nadie cuenta que a ese corazón le dio hipotermia y casi muere pisoteado por un vitoreo en medio de una declaración de amor no correspondido.
Ahora podré mirarte a los ojos: "Yo jamás me he enamorado". La verdad es que soy muy mala mintiendo, mucho más cuando quiero hacerlo, pero aprendí a leerte lo suficiente para saber que rogarás que yo lo estuviese haciendo.
Extrañaré llorar a carcajadas hasta provocarte asco, hasta que tú empezaras a llorar de frustración por no saber cómo callarme sin meterme dos dedos a la boca para hacerme vomitar lo que me pasaba porque sabías que preferiría arrancarme la lengua sin anestesia a ser honesta con mis sentimientos.
"Me provoca arcadas estar sola, pero tampoco sé estar con alguien más". Miraré hacia el suelo, aún no sé cómo decir que te extraño sin insultarme. "Soy imbécil, me hubiese gustado decírtelo".
Habré destrozado todas mis barreras y tendré el orgullo en la garganta. Querré decirte que eres lo mejor de todo lo malo que me ha pasado, que por ti continuaría yendo a terapia con el primer psicoanalista que entienda de que van los trucos de magia, que me importaría muy poco el daño que me hicieron y olvidaría el que me hice por un 'Quédate, aún no me olvido de todo'.
Esta será la parte en la que rompo a llorar y te exijo como una niña mimada que hagas un ultimo acto de desaparición y que a mi me partas en dos justo cuando se cierre el telón, que todos aplaudan frenéticos el día en el que saques tu corazón de mi caja torácica dejándome un hueco donde guardar los dientes de leche de un futuro que apenas aprendía a gatear cuando retrocedió a zancadillas, pero me quedo en el mismo lugar en el que he construido mi fortaleza de paja y con las inmensas ganas y el miedo de que alguien se atreva a incendiarla.
Y entonces el frío me hará hablar: "Mentía". Y tú no entenderás de lo que hablo porque siempre que digo la verdad hablo entre dientes porque nunca nadie me enseño a decir lo que debe ser dicho a su tiempo. "El problema es que ya no quiero seguir mudando de piel, que estoy harta de hacer un hueco en mi rutina para autolesionarme, que ya no quiero provocarme paros cardíacos para esconder lo que siento, que quiero volver a subir árboles sin miedo a rasparme las rodillas, que me entran ganas de llenarme la boca de caramelos y de aprender a andar en bici y dejar de fantasear con morirme ahogada".
En este punto ya estaré gritando como una histérica y tú no tendrás idea de lo que te estoy diciendo y seguirá haciendo frío y la gente pasará mirándome dos veces y qué sabrán ellos sobre tragarse una guillotina si no han tenido que observar su propia muerte mientras se sostienen en brazos, mientras consuelan a su madre escondiendo las muñecas mutiladas y se obligan a vomitar 47 pastillas.
Ya no me dan miedo los finales desde que las piedras empezaron a pisarme los pies y no al revés, ahora los espero con ansias en el borde del sofá donde esperaba la llamada de alguien que sabía jamás iba a volver.
"Sigo siendo la niña que se escondía los chicles en el cabello y tú sigues sin entender de qué va querer una margarita sin deshojarla."
No puedes entender nada de lo que digo, te mueres por darme la razón pero yo renuncié a ella en la sala de espera en un hospital cualquiera donde tuve que sostener mis hombros y fingir que era un terremoto y no mi niñez derrumbándose sobre mi espalda. No puedes sostenerme la mirada, no puedes conservar lo que has soltado una y otra vez, no puedes verme llorar sin sentir el pinchazo de 100 alacranes en el vientre... y yo que puedo, porque tengo las manos limpias de lavarme la cara en ácido, me limito a convertirme en muñeca rusa. "¿Qué clase de mierda somos si hacemos el mismo daño que nos hicieron? Yo aún tengo los nudillos más bonitos de esta ciudad, pero son tuyos".
lunes, 6 de febrero de 2017
A veces, sólo miedo.
Haz lo que quieras con esto, pero que te salga de las entrañas.
Llevo 19 días comiéndome la pared, si se me van los dientes en ello no podré al final decirte nada, pero eso no sería una novedad. Conservo mi derecho a no saber si decirte que... igual no lo entenderías.
Resulta tan irónico que me digas a la cara que me quieres mientras haces malabares con mis ganas de ser transparente y le quitas todos los pétalos a mis margaritas sin siquiera considerar que te podrían llegar a querer.
Miento cuando digo que me hace falta espacio. No quiero que te vayas y tampoco quiero quedarme. Me he prometido a mi misma salir de la jaula cuando yo quiera, no cuando alguien más me quiera.
A veces la vida sólo se trata de encontrar algo que te acojone y que aún así te mueras por hacer y jamás terminar. No te provoco el miedo suficiente. Te juro que si no fueras quien eres, si no hubieran tantas personas entre tú y yo en esta cuerda floja, dejaría de ser valiente por miedo y me decidiría a ser vulnerable para evitar romperme. No trates de leer entre líneas, muy dentro de ti sabes exactamente lo que te quiero decir y no me atrevo; después de todo eres la única persona que me ha visto desnuda entre una multitud de personas sin rostros.
Miento cuando digo que lo entiendo. No entiendo nada. Nunca he sido de las personas que se ponen en los zapatos ajenos, pero cuando lo hago es porque me cansé de caminar tantos kilómetros en los míos. No lo entiendo. No entiendo por qué no estás aquí, por qué no te pedí que te quedaras sabiendo que yo no sería capaz de irme. No entiendo ni una sola de tus palabras entre tanto bullicio de sentimientos y tampoco quiero verte a los ojos por miedo a que me digas la verdad y que a mi se me escape decirte que me he odiado todas las veces en las que busco con desesperación esquizofrénica razones para no creerte.
Se me rompió entre las manos el "no le quiero tanto" y se incrustaron pedacitos de vergüenza en mis mejillas que hago que relaman los pesados del bar de siempre. De modo que es verdad, no te quiero tanto como para serte infiel con cualquiera que finja quererme un poco más que tú y mucho menos de lo que merezco. A el próximo imbécil que entienda que soy igual a todas las otras chicas que ha conocido le dejaré tocar mi cabello sin intentar arrancarle la mano después.
No quiero volver a romperme los dientes abriendo una botella de vino que compraste para otra, pero lo volvería a hacer sin rechistar si me lo pidieses. Soy la idiota que te cerró la puerta en la cara dejando en el marco su corazón, la idiota que se colgó del nudo en la garganta después de tragarse las cosas que nunca te pudo decir. Besa a cualquiera que te quiera mucho menos que yo, pero mejor. Jamás te podré amar como tú esperas, en mis manos aún hay incendios de nieve, pero entiende: volaría en mil pedazos todos los puentes de los que quise saltar y besaría tus manos en cada rincón de la ciudad donde alguna vez sentiste frío.
Arranqué todos tus caricias de raíz y no tengo tantos dedos para meter en las heridas. No creo que algún día lo entiendas. Hay arañas recorriendo tu espalda cuando me tocas y un millón de avispas que viven en tus ojos hicieron su nido en mis labios.
No entiendo como es que yo, siendo de gominolas y huesos de castillos de arena, puedo hacer que vuelvas un poco la vista hacia a mi, lo suficiente para que te entren estrellas en los ojos y comprendas que no debes volver a mirar. Me aprendiste tan desde dentro que cuando me aleje un poco encontraste una perfecta extraña mirándote con ojos de niña a quien le han prometido llevarle a bailar con las hadas... y tú me convenciste de que eran sólo mis ansiolíticos y no polvo de hadas el que me hacia volar.
No te confundas, a él también le quiero. Pero sigues siendo el único con el que quiero reír desde el estómago y no sentir que debo cubrirme los dientes.
sábado, 12 de noviembre de 2016
Aquí va mi nombre y algún insulto.
mientras pido perdón por el daño que alguien más me hizo,
y de eso aprendí a doler como una enfermedad
y a matar como una bala que se clava en la sien con lenta desesperación.
Soy esa que nunca puede encender sus propios cigarrillos
que se quema las muñecas por diversión
y roba nicotina de bocas que no se atreven a gritar tonterías como himno
pero me he fumado todo el daño que hace el abandono
y nunca le he pedido a alguien que se quedara aunque estuviera muriendo de frío
porque siempre preferí quemar mis folios
a regalar mi dignidad por un incendio.
Soy una perra inmadura sin sentimientos
también una puta enamoradiza muy bocazas
que pide abrazos como un niño pide caramelos
y después desaparece como una zorra asustadiza.
La idiota bulímica que se pavonea de serlo,
porque nunca me ha dado vergüenza mi pasado,
aunque tampoco me apetece contarlo
porque no tengo demasiado futuro para dar mi presente.
La narcisista que besaría el espejo por el simple hecho de mirarse en él
y que lo estrellaría en mil pedazos por la misma razón.
No pienso explicar ni una sola de mis palabras,
sigan viendo en mi una estúpida niña superficial.
Soy una cobarde con demasiadas agallas
una valiente por miedo y obligación.
Nunca digo lo que quiero decir y lo hago muy tarde,
tiro de mi lengua hasta vomitar sangre.
Soy una escritora de mierda, una pintora de mierda, una cantante de mierda...
así también como un asco de persona.
Hago daño solo por hacerlo,
me insulto para provocarme una carcajada,
y corro de mí misma constantemente.
Soy la gorda anoréxica que traga 10 pastillas para poder dormir,
que bebe más de lo que puede respirar,
que pierde el conocimiento para regalárselo a cualquiera
que no tenga idea de cuánto duelen las heridas recién hechas al día siguiente.
Soy la gilipollas mediocre que renuncia a lo que quiere
porque es demasiado cobarde e inútil para luchar
y prefiere decir que no vale la pena sabiendo que valía la vida.
Soy la intensa de mierda que se alimenta de palabras vacías
porque así me siento más ligera y con más nauseas
para vomitar en la cara de quién se atreva a llorarme
sin antes haberme cogido la mano en un ataque de pánico.
Me he convertido en la dramática niña mimada que llora al romperse una uña
y me he arrancado todas para contar mis penas
ahora me da vergüenza el reflejo del retrovisor
y mi hobbie es escupirme a la cara
y hacerme cosquillas hasta provocarme arcadas.
Me rompí las costillas tratando de sacarme el corazón
para regalarlo a alguien que no le importa ni un poquito
a qué sabe mi tristeza,
soy tan ególatra que me he hecho ensayar mis lamentos.
Soy el lobo disfuncional de la manada
que solo pudo comerse a caperucita porque ella se lo permitió.
También soy la caperucita mentirosa que rompió a llorar
y jugo a ser víctima de su propia estupidez y tendencias suicidas.
No es ningún secreto que me gusta jugar a la ruleta rusa con los sentimientos,
los propios y los de las personas que juran quererme
para después de un beso darme una bofetada
que portaré con cariño, porque soy así de patética.
Soy el engaño más grande que he inventado,
el "no estoy bien aquí, pero tampoco lo estaría en otra parte".
Y es que no puedes ser todos los argumentos en contra,
pero me convencería cualquier vaso vacío.
Soy una maldita loca histérica depresiva psicótica
que no tiene ningún problema en suplicar tuberculosis,
que no le pesan las lágrimas, sino las comisuras,
que se arranca las pestañas para pedir un deseo que sabe que no se cumplirá.
Soy la pobre desgraciada que es lo bastante ingenua
para seguir haciendo equilibrio en la cuerda alrededor de su cuello.
Y también soy la perra insensible que corta todos los dientes de león
y los sopla en la cara de quién ruega un milagro.
Más triste que dar pena es dar miedo,
pero me está empezando a sonrojar tanta desnudez,
a mí, que nunca me ha importado el viento helado en mi piel,
hoy estoy dejando congelar mis entrañas
para decir con orgullo visceral: yo gano.
domingo, 23 de octubre de 2016
Eres el hogar en el que quise crecer cuando era pequeña.
Quiero que te quedes y no me atrevo a pedírtelo en voz alta, y tus ganas de no marcharte despiertan esa bestia domesticada que te obliga a escapar, cerrando todas las ventanas y tirando la puerta para provocarte el miedo suficiente para que te enamores tanto de mi que no quieras volver a verme.
A veces me gustaría pensar que no fueron tus pies los que hicieron de piedra todos los puentes colgantes que pisamos y así también con la cuerda floja que sostenía mi voluntad para seguir haciendo equilibrio entre trenes que se descarrilaban mientras yo fingía estar soñando. Ya no tengo miedo a correr si es contigo. mucho menos a rasparme las rodillas al saltar del columpio si caigo cerca de ti y me besas las manos al levantarme.
Apuesto a que tus ojos brillaban en Navidad, más que las series de luces de colores del árbol, cuando abrías los regalos destrozando la envoltura, sin un atisbo de vergüenza y esa sonrisa de haberle robado un bocado al universo.
Yo que soy de temerle a los monstuos del armario y tú, que eres de sentarte con ellos a platicar... aún tengo tanto que aprender de ti, astronauta de imposibles. Vives con la cabeza en las nubes y aún así eres la única persona que me pone los pies en la tierra sin intentar cortarme las alas.
Me da miedo pensar en todas las veces que he considerado salir de casa y abandonarme en la banca de un parque cualquiera y regresar con los bolsillos vacíos y los dedos congelados de metérmelos al pecho buscando el corazón que he hecho pedacitos y tirado como migajas de pan, esperando a que alguien las siga o a que me lleven al camino de regreso a mi agujero de conejo.
Se está empezando a hacer tarde, al menos ahora debería serte sincera: me hubiera gustado que no te importase tanto entender por qué decía las cosas que decía, no me gusto que te quedases a memorizar cada una de mis cicatrices porque ya no puedo encontrar mi tristeza.
Postdata: A veces me hago pequeña fantaseando que fuiste mi compañero de juegos y por un momento no existe mi miedo a las hormigas rojas, ni a los payasos: le quito las rueditas entrenadoras a mi bici y me atrevo a salir de casa: bajo las escaleras de dos en dos tarareando mi canción favorita: y sobretodo, me atrevo a recorrer ese pasillo que evitaba mirar en aquella casa donde me rompí uno a uno todos los dedos, y es que desde que llegaste me dejó de aterrar la oscuridad porque enciendes todas las velas, aunque no sea mi cumpleaños, para que siga pidiendo deseos.
domingo, 2 de octubre de 2016
Pequeña lista de cosas que normalmente escondería.
Jamás le he podido explicar a alguien por qué me hice pedazos tan pequeños que después sólo soplé en casas de muñecas de desconocidos que pretendían conocerme.
No sé si son bombas atómicas o mariposas el dolor en mis entrañas, y dudo de ellas como si no hubiera comprobado ya que una lleva a la otra y así siempre hasta terminar con deformidades en el corazón.
Me gusta hablar de volar y lo que no admito es que es más como ingravidez y la gravedad del asunto es que quisiera que fuese de amor y no por miedo a sentirlo.
A veces hay días en los que me vendría bien que alguien me tomase de la mano y que no me dejase ir, que vea mis cicatrices como quien lee un mapa de su lugar favorito y que no tenga miedo a romperme pero que jamas lo intente.
Me he quedado demasiado tiempo en el mismo lugar esperando que pase algo que no sé si quiero que pase o qué haré cuando pase, que me he empezado a encariñar de la incapacidad para irme a cualquier otro lugar donde se me reciba con una taza de té de manzanilla y un beso en la frente.
He querido tanto a personas que no me han querido que cuando alguien lo ha hecho conmigo me ha dado un ataque de pánico en el cubículo de un baño escolar y sostuve mis piernas por miedo a salir corriendo aguantándome el sabor amargo en la boca que me provocaba el terror.
Me llene tanto de sueños que terminaron provocándome un dolor de estomago que sólo me hizo vomitar por 6 años y aún me estoy lavando los dientes para no volver a tragar ilusiones como si de caramelos se trataran.
Nunca digo cuando me hieren por mucho que me claven el cuchillo en la herida y lo retuerzan, por miedo a que dejen de sostener el cuchillo y tenga que ser yo quien lo saque, porque soy de quienes abren la herida y sólo observan la sangre correr con expresión catatónica.
Me he quedado con el dolor en los brazos por no abrazar a quien quiero, me he mordido la lengua hasta hacerla sangrar por no decir lo que siento en voz alta, me he quebrado ambas piernas por no salir corriendo detrás de lo que realmente importaba.
Aún no sé si es que te amo o que me muero de ganas de que pase algo que consiga que lo haga; si tú me amas o si sólo quieres que crea que lo haces.
Me hubiera gustado que no me gustase tanto tu risa.
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